
El 31 de mayo de 2010, el presidente de Alemania Horst Kohler tuvo que renunciar a causa de sus afirmaciones en relación a la guerra de Afganistán y la presencia del ejército alemán. Cualquiera podría preguntarse si es que el desencadenante de la renuncia obedeció al anuncio de un dato que no era cierto, es decir, a una mentira.
Si es que existió alguna época en que un presidente tuviera que renunciar a causa de mentirle a su pueblo, ésta parecen bien lejanas; las actuales parecieran estar mas bien marcadas por lo contrario. Como diría una canción de Divividos, y resumiento en unas seis palabras el concepto de fetichismo; "cuando la mentira es la verdad". El presidente de Alemania fue práctimente forzado a abandonar su cargo a causa de afirmar que la presencia de las tropas alemanas en territorio afgano, se debía, entre otras cosas, a la protección de los intereses económicos de su nación.
Es interesante analizar mínimanente lo que sucede con ciertas verdades cuando son enunciadas por agentes indebidos. Es evidente hoy que nadie con cierto criterio puede dudar que la guerra de Afganistan, como la de Irak (íntimanente ligadas, y como la mayor parte de las guerras) obedecen a intereses económicos y geopolíticos, y que la presencia de los ejércitos de algunas naciones tiene estrecha conexión en el reparto de los recursos naturales. Sin embargo, esto puede decirlo públicamente cualquier ciudadano alemán, cualquier periodista "mínimanente" crítico, cualquier ama de casa, trabajador, docente, etc. Pero no puede decirlo quien forma parte en forma directa de la maquinaria que construye esa lógica. Es decir, si bien todos conocemos ciertas las mentiras que hacen a este sistema, no todos pueden afirmarlas públicamente.
A diferencia de lo que sostiene cualquier analista ingenuo o la mayoría de los cínicos, la ONU más que un organismo destinado a mantener la paz mundial, como muchas veces se la presupone , este es más bien, siguiendo una interpretación materialista, un órgano destinado a legitimar y así resguardar, los intereses de las grandes potencias que hacen al capitalismo, de la cual Alemania forma parte en sentido pleno. Ejemplo de ello es la posibilidad de tienen algunas naciones de mantener un desarrollo bélico-atómico a pesar de haber sido "sancionados" por el mismo organismo, sin mayores consecuencias, mientras sobre otros, sin prueba alguna y solo en forma preventiva, cae todo el rigor de las sanciones y represalias en forma directa. Es decir, no importan tanto los hechos fácticos, cuanto los intereses que estas naciones representan.
El caso de organismos como la ONU es muy claro, ya que todos sabemos cómo funciona la lógica bélica-económica, sin embargo, lo que no se puede hacer es afirmarlo públicamente si es que uno tiene un puesto jerárquico en alguno de estos organismos, o si se es el presidente de uno de las naciones fuertemente implicadas dicho proceso.
Para que esto pueda funcionar es necesario que ciertas "verdades" se construyan como velos que esconden o tapan los procesos que los hacen posibles (por ejemplo, el brillo del oro tapa el trabajo necesario para extraerlo y producirlo). De este modo, como dice el grupo de rock, la mentira se transforma en la verdad. El problema, claro está, es cuando, el chico en la fábula del rey desnudo, advierte que las cosas no son lo que parecen: se corre el riesgo de desarticular toda una lógica y eso es algo que el sistema no se pude permitir.
Es así que no resulta extraño (aunque debería resultarlo, pero ese es el modo en que funcionan las inversiones fetichistas) que Horst Kohler haya debido renunciar a efectos de haber dicho una "verdad".
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